Nuestra sociedad del conocimiento, caracterizada por grandes desarrollos científicos y tecnológicos, ha emprendido gigantescos avances, los cuales han incidido en los actuales hábitos y formas de vivir. La constante aplicación de estudios y evaluaciones sobre salud, han dejado de manifiesto, la importancia de la actividad física y deportiva para mantener la salud mental, física y espiritual de las personas.
Los gobiernos han debido considerar en la ejecución de sus políticas públicas, la implementación de planes y programas, relacionados con la estimulación e incorporación del deporte como disciplina de desarrollo y crecimiento integral del ser humano para la mantención de una vida saludable. Sobre este ámbito, siempre se aplica una mirada de corto alcance, debido generalmente a lo oneroso que resulta para las arcas fiscales derivar recursos económicos que solventen la práctica de diversas disciplinas deportivas, que exigen contar con políticas, equipos humanos y administrativos, espacios e infraestructura implementadas de alto costo, entre otros; pero sin lugar a duda lo más preocupante, es la falta de claridad objetiva de la disciplina, el trasfondo de la actividad, debido al parecer, a la naturaleza ambigua que se le adjudica a la actividad física y deportiva.
La dualidad que encierran estos conceptos, se puede simplificar resaltando el rol sociabilizador y formador de sociedades saludables que tienen ambas disciplinas, este proceso requiere de tiempo y en especial inversión, lo que ha incentivado también la aparición de personajes y asociaciones ávidas de adjudicarse y adquirir cuantiosos recursos económicos, con fines lucrativos y personalistas, encubriéndose tras la figura de favorecer, estimular y desarrollar a los futuros deportistas.
En nuestro país, como en muchos otros, contamos con un sistema centralizado, donde la distribución de los ítems presupuestarios del Gobierno, generalmente asigna el mayor margen de ingresos a la Región Metropolitana, surgiendo así, una segregación territorial que no contempla las reales necesidades demandadas por las regiones, como también la aparición de una reducida elite de deportistas que desplaza muchas veces valiosos representantes locales. Pero lo que genera una real preocupación es la inconmensurable pérdida de capital humano para la sociedad, la pérdida de una potente herramienta formadora y la pérdida del sentido y rol de la actividad física y deportiva.
Si a esto, sumamos la acción de dirigentes carentes de competencias, se produce un círculo vicioso, esta falta de dirigentes deportivos profesionalizados en materia deportiva, impide que exista una formación deportiva de calidad, debido a que normalmente las aspiraciones no se enfocan a lograr un desarrollo óptimo del deporte, sino que apuntan a intereses personales y no a lo que manifiesta el colectivo, esto impide dar oportunidades a niños y jóvenes, para hacer del deporte una forma armónica de vida.
En el año 2001, en Chile se aprueba en el congreso la Ley del Deporte, aspiración que debió esperar largas tramitaciones para ser finalmente promulgada, esta herramienta legal, ejemplifica la falta de participación de profesionales idóneos ligados al deporte. Esta ley con el pasar del tiempo fue develando carencia de todo tipo, con especial agudeza hacia fiscalización en la adjudicación y utilización de los recursos públicos que se derivan hacia el sector privado, este proceso no contempla la exigencia de controles rigurosos, el problema es que los ingresos y manejo de estos fondos, queda al arbitrio de la entidad que se adjudica los llamados proyectos, que muchas veces son de dudosa calidad, carentes de evaluación y con misiones insignificantes, donde las Federaciones y nuevos clubes deportivos son generalmente las entidades que logran la aprobación de proyectos, por ser instituciones que aparentemente se aprecian como serias, solventes y responsables.
Es por esto, que es necesario emprender acciones participativas de todos los actores deportivos, para formar y estimular agentes proactivos, representativos y preparados, que busquen y promuevan un beneficio común, estimulando el desarrollo comunitario. Esta transformación, asistencia y orientación en la gestión y desarrollo deportivo, busca una amplia y masiva participación, para facilitar la integración y generación de estrategias continúas, que promuevan la constante evolución de las políticas deportivas desarrollando asertivamente, las diversas disciplinas deportivas del país.